La historia y el paisaje ancestral de Purunuma

Una investigación que combina la exploración arqueológica con la memoria y los conocimientos de las comunidades locales.

Originaria del cantón Loja, en la provincia del mismo nombre, Aitana encontró en la historia su vocación. Rodeada de cuentos sobre imperios pasados y conquistas, empezó a preguntarse quiénes eran sus antepasados, quienes vivieron ahí antes, cómo eran sus vasijas, cuáles fueron sus tradiciones. Cuando esta pregunta no pudo ser respondida por sus profesores, entendió que la provincia de Loja, al igual que en el mapa, estaba en la frontera de las narrativas nacionales.  Con estas preguntas en mente, decidió formarse como antropóloga con énfasis en arqueología y actualmente cursa el segundo año de su maestría en la Florida Atlantic University. Es precisamente en este espacio donde surge la oportunidad de desarrollar el proyecto “Prospección no intrusiva para el análisis de la movilidad, la ocupación y el paisaje en la parroquia Purunuma, Gonzanamá, Loja, Ecuador”. Inicialmente, la investigación buscaba explorar la posibilidad de que Purunuma hubiera funcionado como corredor de movilidad entre los Andes bajos y la parte oriental del país. Su ubicación parecía estratégica, un territorio de montañas altas, situado entre Gonzanamá, Quilanga y Malacatos. Sin embargo, después de saludar al Colambo y de comenzar la temporada de campo, aquella perspectiva cambió.

Durante los primeros días, mientras conversábamos con don Manuel Álvarez y su esposa, doña Fidelina Vega, entendimos que, si bien el Colambo es uno de los cerros más importantes de la zona, no es el único considerado encantado. Lo acompañan también los cerros Huacacas y Mullu Mullu (M. Álvarez, comunicación personal, 4 de junio de 2026). En sus relatos aparecieron, además, piedras asociadas a los conocidos “gentiles”, cascadas, vertientes y otros lugares importantes. Esto, además de aportar nueva información sobre el territorio, sirvió de guía para las próximas exploraciones.

Fue así como visitamos el primer sitio arqueológico. Aunque no está registrado en el Sistema de Información del Patrimonio Cultural del Ecuador (SIPCE), el lugar fue mencionado y descrito por Hocquenghem et al. (2009), quienes lo denominaron Pukara de la Peña. Allí observamos muros de piedra en las laderas del cerro, fragmentos cerámicos en superficie y una piedra tallada, cuya cronología, aunque incierta, parece ser histórica o moderna, puesto que tiene forma de cruz.

Al descender del cerro, conocimos a don Pedro Castillo, quien, después de recibirnos en su casa y brindarnos guarapo, nos mostró dos vasijas completas que, según comentó, habían aparecido en su chakra. Con el paso de los días, don Pedro se convirtió en uno de nuestros principales guías y nos condujo a los barrios de Chinguilamaca y La Cría, donde todavía se recuerdan los caminos que comunicaban la parroquia con Palanda y Malacatos. Estos recorridos comenzaron a transformar la pregunta inicial del proyecto. Purunuma tal vez no pueda entenderse como un corredor hacia la Amazonía, sino como un lugar de asentamiento, relacionado con otras partes de la actual provincia de Loja.

Otro de los lugares emblemáticos que pudimos conocer fue el cerro Colambo. Para este recorrido contamos con el apoyo del Ing. César Piedra, del GAD de Gonzanamá, quien amablemente nos guió y compartió información histórica y etnohistórica sobre el pueblo Colambo y la importancia de este para la localidad. Esta información abrió nuevas preguntas sobre la historia del territorio que todavía necesitan ser profundizadas y contrastadas con el registro arqueológico. Por lo tanto, se prevé realizar una segunda fase de exploración.

Sin embargo, ninguna pregunta podría responderse sin tomar en cuenta a quienes habitan y dan significado al territorio. Es por eso que se realizaron talleres de historia oral y cartografía social con los adultos mayores de la comuna de Colambo, también creados como espacios para escuchar y compartir sus conocimientos y memorias.

En los talleres surgieron recuerdos de cruces utilizadas como marcadores del paisaje, vertientes de agua, lugares donde la cerámica es abundante, antiguos caminos y espacios relacionados con apariciones religiosas. Para la actividad de cartografía social, se colocó un punto central en un papelógrafo y, a partir de allí, los participantes fueron ubicando los lugares que consideraban importantes. Mientras los señalaban, compartían historias sobre ellos. Estas historias no son elementos secuenciales, sino que forman parte de las formas en las que se ha construido el territorio a través del tiempo.

El análisis de la información obtenida durante la temporada de campo continúa en curso. Una vez concluido, se elaborarán fichas SIPCE para los sitios arqueológicos registrados y se compartirá en detalle la información con la parroquia Purunuma.

Autor: Arqueóloga Aitana Piedra Soto

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